Reseña crítica de la lectura: “Representación política, opinión pública y medios de comunicación: el conflicto”.

La lectura plantea las distintas relaciones y conflictos que se generan entre los conceptos de representación política, opinión pública y medios masivos de comunicación en lo que respecta a la forma de canalizar las demandas populares, cómo se resuelven y se ejecutan.

Previo a exponer el tema, cabe señalar que la opinión pública (OP), según definición del mismo texto, actualmente corresponde al agrupamiento de individuos con opiniones compartidas y que en la sociedad moderna representa la base de la legitimización democrática.

Hoy en día existe un desconocimiento de las preferencias y las opiniones de la gente; la opinión pública gira en torno a las preocupaciones particulares de algún sector más que en función de las reales expectativas colectivas. Este sector corresponde a aquél que tiene mayor y mejor acceso a un micrófono, reportero, o cámara de televisión de un medio.

La opinión pública como se entiende actualmente es un fenómeno propio de la modernidad, sin embargo tiene todo un antecedente histórico que refleja la importancia y presencia de este concepto como parte de la relación del hombre en comunidad.

Históricamente, la plaza pública ha sido necesaria para la generación de opinión pública que se deriva de la coincidencia entre los representantes políticos y los ciudadanos. A mi forma de ver, actualmente los medios tradicionales y digitales representan aquella plaza en donde se establecen los temas y argumentos del debate público.

Rosseau decía que la opinión pública sería dentro del contrato social, el árbitro moral de la sociedad, siempre expresando la voluntad general. Sin embargo ¿qué tan fácil o sencillo es lograr encontrar aquella opinión que expresa la voluntad general entre miles de opiniones propias?

“Siglo XX, sociedad de los medios, la opinión pública encuentra en los medios y en la información el mejor vehículo de expresión”. Lo mismo sucede en el siglo XXI, con la diferencia de que la incorporación de los medios digitales, ha abierto canales de difusión en donde los intermediarios no necesariamente son los periodistas o las personas con acceso a un espacio mediático, también lo puede ser cualquier persona, provocando dos efectos: calidad de información dudosa y exceso de información.

La lectura meciona que “uno de los grandes conflictos de este milenio es la democratización de los espacios públicos” y que las nuevas tecnologías han abierto la posibilidad a nuevos grupos a tener visibilidad y fuerza en sus opiniones: concuerdo y agrego que esto representa y exige responsabilidad ética de quien expone argumentos y sensibilidad analítica y de diserción por parte de quien los asume.

Se conoce a los medios “el cuarto poder” ya que se arrogan el poder de representación de la opinión, sin embargo, esta opinión es selectiva y se encuentra en las editoriales y artículos de opinión, así como en las tendencias ideológicas de medio que delimitan su línea editorial. Por esto, las opiniones que de cada medio emanan son distintas, ya que cada medio tiene su propia personalidad e intereses particulares. Es decir, a mi forma de ver, este cuarto poder no es homogéneo, y puede beneficiar o afectar a un mismo actor político o público. Lo mismo sucede con las redes sociales, en el mismo Twitter puedes encontrar distintas tendencias ideológicas, radicales y/o moderadas, tu “timeline” puede ser variado o cerrado a una misma tendencia generalmente, igual o similar a la propia y a partir de ahí se genera tu opinión propia y puedes tener una idea tanto de la opinión colectiva como de la pública.

El texto menciona que uno de los grandes conflictos -el principal, señala- es que los “mass media” filtran, seleccionan y jerarquizan la información. Lo anterior corresponde a la teoría de la Agenda Setting en la cual se explica que los medios de comunicación establecen su propia agenda en un primer nivel señalando a la audiencia sobre qué pensar, y en un segundo nivel sobre cómo pensar sobre los temas establecidos en la mente del receptor, fomentando así la opinión favorable y/o desfavorable sobre un asunto en específico que los medios por intereses particulares, públicos o políticos desean y logran poner en el debate público.

Desde el siglo pasado el proceso de interrelación entre los ciudadanos y la política, fue transformado por los medios de comunicación en una nueva forma de conversación por la cual la gente se convirtió en público y la política en comunicación política.  “El espacio público se convirtió en un espacio mediático, la gente en público, y lo que la clase política expresa se convirtió en comunicación política”.  Este cambio transformó la verdadera razón y motivo de ser de la política, enfocando la atención de la misma en no lo que es, si no en lo que los demás desean escuchar, en el marketing político y en la percepción e imagen pública.

La política actual, y sus políticos, se han enfocado en satisfacer lo que la gente quiere escuchar con la finalidad de obtener mayor popularidad en miras obtener mayor preferencia electoral sobre los demás contricantes en momentos de elección popular. Los políticos aprovechan los medios de comunicación para vincularse con la sociedad hablándoles en un idioma y sobre un contenido que saben es de su interés, pese a que este no sea sobre el que “debiera” hablarse. “Se sustituye a la gente por la opinión pública y se dice sólo lo que se quiere escuchar”.

El contenido del mensaje político ha quedado en un último término, las prioridades de la política actual se concentran en el concepto de imagen política, de igual forma que sus estrategias; su más reciente caso de éxito: Enrique Peña Nieto (EPN). Si bien, como menciona la lectura, esto ha causado la decepción de la gente por la clase política, solamente ha sido en un sector poblacional específico con un cierto nivel educativo alto, informado y con verdadera exigencia ciudadana, si fuera un fenómeno general, EPN no hubiera conseguido la presidencia de México para el sexenio 2012-2018.

La lucha de poder entre medios y políticos es una balanza que se ajusta a un lado o el otro dependiendo del nivel de libertad o poder que uno ejerza sobre el otro. Mutuamente se necesitan, pero siempre uno tiene más poder; en una sociedad de gobierno represor, los medios se encuentran en desventaja ya que la línea editorial está establecida por el gobierno con la idea de fomentar una opinión pública favorable hacia el mismo que ratifique su poder mediante el control de la agenda mediática; por el contrario, en una sociedad democrática, los medios se saben dueños de los canales para llegar a la sociedad sobre los temas que interesan a los políticos, siempre cuidarán que la opinión pública que se genere a partir de ellos le sea favorable tanto para ellos, para sus dueños y para los intereses políticos-públicos con los cuales coinciden por ideología (o negocio).

Y es aquí donde se encuentra el principal conflicto que afecta directamente a la opinión pública a causa del establecimiento o imposición de agenda; del estira y afloja del gobierno y los medios, así como de la desinformación de las personas.

Luisa María Sánchez O.

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